Nov 9 2009

Dirty Hands

C. Thunders

Música para este post:

Sucede que hace algunos días estaba tranquilamente escuchando música y buscando información sobre no-me-acuerdo-que-cosa-geek en internet (lo de siempre). El punto es que estaba ahí en lo mío y sin molestar a nadie cuando redepente alguien osó (así, con acento en la segunda o) interrumpir mi vespertino ritual.

Era mi carnal el menor, quien venía de lavar el carro con su ‘look’ de Evelio (pero con huaraches y short) y se quejaba de algunos dolores en la espalda/cintura.

Aaaaaaaaaaaaay como me duele, como me duele (8)

Aaaaaaaaaaaaay como me duele, como me duele (8)

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Interrumpo aquí el relato para hacer el comentario de que al sujeto en cuestión, le diagnosticaron hernia discal hace un par de meses.

Mieeedo

Mieeedo

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Al principio se me hizo algo raro lo que me estaba pidiendo.

- Necesito que me estires fuerte de aquí de ésta parte

Me dijo, mientras apuntaba directo a su pie izquierdo y hacía gestos de dolor. Inmediatamente se me vino a la mente la imagen de arriba y pensé que si le estiraba las patrullas tal vez eso aliviaría la tensión de la que se estaba quejando.

Lo tomé firmemente cual quiropráctico de quinta y comencé a hacer fuerza hacia atrás. Sobra decir que ni él ni yo tenemos maldita idea de cómo tratar con esos menesteres. La cosa es que a mi manera de pensar, yo estaba desempeñando un papel aceptable en aquel improvisado tratamiento, por lo que esperaba de menos una expresión de alivio o algo, pero no, nada de eso.

El tipo se comenzó a reír progresivamente al estilo del Agente Smith en Matrix Revolutions y yo solo pensaba en WTF WTF WTF

- ¿Pos que te pasa?

Le pregunté. Y él seguía con su risa descontrolada. No se explicaba mi mente inmaculada lo que estaba sucediendo en ese momento y por más que le daba vueltas al asunto no encontraba una respuesta lógica. De hecho, pensé por un instante en la remota posibilidad de haberle punzado uno de esos mágicos puntos chinos, generándole sin querer una risa loca curativa… pero luego me dí dos cachetadas estilo vecindad y regresé al mundo real.

Pasaron algunos segundos hasta que en uno de esos intentos por contener las carcajadas, apenas le alcancé a oír que me decía con voz tenue:

- Huélete las manos…